Dice la teoría que, en la recta final de la temporada del PGA Tour, el material se enfría. Según el informe semanal de Golf.com, eso pasa en los torneos, pero fuera de ellos las marcas van a toda máquina. Si vives en West Palm Beach, Las Vegas, Arizona o Carlsbad y ves un camión del Tour por tu barrio, no es un fitting para vecinos: lo más probable es que sean equipos del Tour probando lo de 2027.
Así se prueba lo que verás en enero
Golf.com cuenta tres formas de hacerlo. A los jugadores de primera fila (los del top 20 del ranking mundial, por ejemplo) les plantan en su range un equipo con técnicos, gente que recoge datos y gente de I+D, y trabajan uno o dos días. Llegan con el material ya especificado, se lo presentan al jugador, lo afinan y, si todo va bien, aparece en la bolsa en enero. Antes de irse le dejan un palo de juego y un gemelo idéntico de repuesto. Ni un cabo suelto.
La segunda es el camión aparcado en un sitio central, donde cualquier profesional que busque palos nuevos pide cita. La tercera, una zona de pruebas en la sede de un torneo, lejos del range principal y de la prensa. Ahí miden datos de lanzamiento, línea de salida, comportamiento de la bola al final del vuelo, sonido, tendencia de vuelo y, ojo, el aspecto del palo. Porque el jugador también compra con los ojos, como tú. Y no, no todo llega a la bolsa: es un reconocimiento para la temporada siguiente.
Akina: un set hecho para su fallo
El ejemplo práctico es Kihei Akina, de BYU. En su quinto torneo con invitación ha pasado los cinco cortes, con un top-10 y otros dos top-25. Juega la bola con draw y su fallo es la derecha. Con ayuda de Brad Millard, de Player Development en Ping, su bolsa está montada para encerrar ese fallo en una ventana de vuelo manejable.
Su driver es un Ping G440 LST de 9 grados con lie plano y el peso del CG en posición draw. El mini driver es un Mini Proto de 13 grados, también en draw. Después, un híbrido tipo hierro iDi de 19,25 grados, hierros i240 y Blueprint S del 4 al wedge, y tres wedges S259 RAW de 50, 54 y 60 grados. Mueve el driver a 118 mph de velocidad de cabeza y 178 mph de bola, y acierta el 65,71 % de las calles, según el PGA Tour. Y con el putter, un Ping PLD Alley 4, lleva 7,101 en Strokes Gained: Putting tras 36 hoyos, con 137 pies de putts embocados. Su putter es de 34 pulgadas, 4 grados de loft y 19 de lie.
¿Y a ti qué te cambia?
De los camiones, nada, salvo que sabrás por qué dentro de unos meses todo el mundo hablará de un palo nuevo. De Akina, mucho: su bolsa no es de catálogo, está pensada para su fallo concreto. Tú, en cambio, compras el palo del pro porque el pro sale guapo en la tele. Dos cosas son distintas: el palo tal como sale de la caja y el palo ajustado a quien lo toca.
La lección de Alex
Antes de comprar el palo que lleva el pro, averigua cuál es tu fallo. Si le pegas en slice, de nada te sirve el driver que lleva un jugador de draw. Un fitting con tus datos te sale más rentable que cualquier palo nuevo.
Si te dejaran un camión del Tour una tarde, ¿te llevarías el palo que mejor te sienta o el que mejor pinta tiene en la bolsa? Sé sincero.
Fuente: Golf.com · Imagen: Golf.com




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