Cuando alguien renuncia a una cifra de nueve dígitos y dice que no le duele, o es un santo o tiene las cosas muy claras. Jon Rahm, en su primera rueda de prensa tras desvincularse de LIV Golf, se inclina por lo segundo. Según Golf Confidencial, deja sin cobrar los 7,5 millones de dólares ligados a la bancarrota de la liga y unos 100 millones más que quedaban de su contrato original.
Por qué se va: LIV 2.0 no le hacía ilusión
Rahm se muestra agradecido: tres años en LIV, dice, fueron una experiencia maravillosa. Pero la 2.0 es otra historia. Según Marca, le preocupaba que la liga se alejara del golf por equipos y de lo que la hacía distinta, y que acabara pareciéndose a un circuito normal. Y había, en sus palabras, demasiadas incógnitas.
Por muy a gusto que estuviera con el proyecto en LIV 1.0, no me hacía ilusión los cambios de la 2.0 y no estaba dispuesto a seguir ese camino.
Jon Rahm, en Marca
Y cuando le preguntaron si sentía frustración por el dinero que no iba a recibir, contestó con un «no» seco. Mi opinión: o esa respuesta es sincera, o es la mejor cara de póker que se ha visto en una sala de prensa. Que cada uno elija.
El regreso a Estados Unidos, en el aire
Aquí viene lo interesante. Los exjugadores de LIV deben cumplir un año de suspensión antes de volver al PGA Tour. Este año se abrió el Returning Member Program, que dejó volver a Brooks Koepka sin esa penalización. También se ofreció a Rahm, Bryson DeChambeau y Cam Smith, pero solo Koepka lo aprovechó. Y Brian Rolapp, CEO del PGA Tour, ha dicho que de momento no hay planes de repetir esa oferta para 2027.
Rahm todavía no ha hablado con el PGA Tour y admite que no sabe cómo será 2027. Su plan es jugar el año en el DP World Tour y diseñar un calendario distinto. Si le ofrecieran las condiciones de Koepka, dice que «seguramente sí», aunque duda mucho de que se las ofrezcan. Mi apuesta: el PGA Tour no va a regalar nada. Y si Rahm tiene que pasar un año en Europa, para el DP World Tour es un regalo con lazo.
Primero hay que pasar el corte
El ex número uno llega a Yas Links con el jet lag a cuestas, casi dos meses sin apenas swing y en el puesto 51 de la clasificación. Solo los 50 primeros juegan la semana que viene la final de Dubái del DP World Tour. Con 100 millones de renuncia a las espaldas, quedarse a un puesto de la final sería de película de humor negro.
Él le quita dramatismo: todos suman puntos esta semana, varios jugadores han decidido no disputar estas citas y, si juega sólido, cree que debería estar. Reconoce, eso sí, que está oxidado, y que quedarse en «oxidado» sería quedarse corto. Ojo, que la herrumbre también cuenta en el leaderboard.
De momento, su mensaje es claro: seguirá apoyando al DP World Tour aunque vuelva al PGA Tour, y no descarta Dubái, Bahréin y Qatar, aunque no encadenaría cuatro torneos seguidos tras la Team Cup.
La lección de Alex
Rahm te enseña que a veces lo más caro es seguir en un proyecto que ya no te convence, y que el ruido fuera del campo también te quita golpes dentro. En tu partida del sábado pasa igual: si te rondan mil cosas por la cabeza, antes de salir al tee sácatelas de encima. Y si llevas dos meses sin tocar un palo, no esperes sacar un 70 en tu vuelta de reaparición.
¿Crees que Rahm ha hecho bien renunciando a 100 millones por no seguir en LIV 2.0, o te parece un farol de los grandes? Y apuesta: ¿pasa el corte para la final de Dubái o se queda en el puesto 51?
Fuentes: Golf Confidencial · Marca · Imagen: Golf Confidencial




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