El domingo, Donald Trump soltó en Truth Social que el 15 de noviembre empiezan las obras de «restauración» en East Potomac, un campo público de Washington con 106 años de historia. Según él, reabrirá en unos 15 meses convertido en «uno de los mejores y más espectaculares campos de golf del mundo». Del lío judicial, ni una palabra. Lo cuentan GolfMagic y The Guardian.
Una jueza, 500 árboles y un «aquí no hay nada decidido»
Ordena la cronología, que es un deporte de riesgo. La jueza federal Ana Reyes ya dictaminó que el Gobierno tiene que avisar antes de hacer obras sustanciales. El 9 de octubre, la Administración pidió archivar la demanda por prematura, porque el proyecto estaba en una fase «temprana y conceptual». Al día siguiente se retiraron unos 500 árboles del campo. El Gobierno dice que fue por seguridad y para recuperar el diseño original, dentro de un plan de 2019.
Reyes mandó parar las talas y las calificó de «inexcusables». También ha citado a altos cargos para que declaren si aquello tenía relación con los planes de Trump. El Gobierno, por su parte, ha pedido apartarla del caso alegando «hostilidad» hacia la Administración. Los demandantes se oponen. El viernes el Gobierno decía en un escrito que, «como mucho», Trump ha dado un «pensamiento preliminar» al proyecto. El domingo llegó la fecha de inicio y un dibujo del resultado. Mi opinión: cuadrar esas dos frases va a costar más que salir de un búnker con el labio pegado a la arena.
Lo que se juega el golfista de a pie
East Potomac lleva más de un siglo siendo un sitio donde juega gente de todos los bolsillos. Los críticos temen que, convertido en un campo de alto nivel, cambie su carácter y deje fuera a parte de quienes lo usan. Las fuentes no dan precios futuros, así que de momento es un temor y no un dato. La DC Preservation League demandó en febrero alegando violación de leyes medioambientales. Skye Perryman, de Democracy Forward, que representa a los demandantes, lo resume así:
Nuestro litigio pretende proteger esta joya comunitaria para las personas y comunidades a las que sirve.
Skye Perryman, presidenta y consejera delegada de Democracy Forward
Quién gana y quién pierde
Reformar un campo viejo no es ningún pecado, y plantar o talar con criterio forma parte del oficio. Lo que a mí me chirría es el orden de los factores: anunciar fecha y render con una jueza pidiendo cuentas es cantar el birdie antes de que la bola llegue al green. La jueza exigió al Gobierno que le dijera antes de las 8 de la tarde, hora de la costa Este, si su posición había cambiado. La Casa Blanca no respondió de inmediato sobre si la fecha choca con las órdenes judiciales.
Por ahora, el golfista de Washington pierde su campo en el aire y quien gana es el despacho de abogados. Si el 15 de noviembre llega con obras o con un juez de por medio, lo sabremos pronto.
La lección de Alex
Un campo público es un bien que se cuida entre todos, y las reformas se miran con lupa en el green fee y en el acceso, no solo en el render bonito. Si juegas en un campo municipal, pregunta qué se plantea cambiar antes de que lo anuncien con fecha, y apoya el que mantiene precios para todos.
Si tu campo de siempre lo reformaran para hacerlo de lujo y subir el green fee, ¿lo defenderías o te irías a otro con tal de que quedara precioso?
Fuentes: GolfMagic · The Guardian · Imagen: Golf.com




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